Los ecos del triunfo ante su clásico rival, aún siguen retumbando en el Mundo Central. La euforia continúa en el hincha y seguramente durará un par de día más. Sin embargo, en Arroyo Seco no hay tiempo para relajación y ya se piensa en el duelo ante Sarmiento.
Para Ariel Holan y sus colaboradores, el desafío será doble. Que la alegría post clásico no le gane a la concentración (algo que históricamente ha costado) y que lo hecho en dicho cotejo, sea el piso para crecer de cara a lo que se viene.
Sin lugar a dudas, el nuevo esquema táctico parece haber aportado lo que le faltaba al equipo. Esa cuota de generación de juego y más presencia en el área rival. Claro está, que la propuesta del equipo rojinegro permitió que eso pase, que se vio una mejor versión en el campo.
El rendimiento estuvo sustentado en un Franco Ibarra que se hizo dueño de la mitad de la cancha. El 5 auriazul empezó con algunas dudas, se ganó la amarilla pero supo recomponerse y terminó siendo la figura clara del juego ciudadano. Malcorra logró cumplir esa función de acompañar en el medio y de ser la maneja del equipo cuando se tenía la pelota.
La dupla Copetti-Véliz supo entenderse y cada parte cumplió su rol. Enzo entendió que debía hacer el trabajo sucio y darle espacios al 9. Alejo batalló duramente con los tres centrales y pudo imponerse en varias jugadas.
En línea con esto, los cambios del Profe dieron en la tecla y mantuvieron el orden. Si bien hubo algo de zozobra en el final, no revistió mayor peligro.
Lo que está claro, es que el hincha se fue conforme y que los protagonistas entendieron que había que cambiar. El trabajo será clave.







