La eliminación de la Copa Libertadores frente a Corinthians fue un baldazo de agua fría para todo el mundo canalla. Un golpe duro, de esos que dejan sabor amargo, pero que no permiten quedarse demasiado tiempo mirando hacia atrás. Rosario Central tiene mucho por jugar y mañana, ante Talleres, tendrá una nueva oportunidad para demostrar que está dispuesto a levantarse y seguir dando pelea en todos los frentes.
La sexta fecha del Torneo Clausura dejó, hasta ahora, un escenario inmejorable para el Canalla. Más allá de lo que suceda mañana en Córdoba, el equipo de Jorge Almirón continuará entre los puestos de clasificación a los playoffs. Pero hay mucho más en juego: una victoria ante el Matador, acompañada por una derrota de Argentinos frente a Lanús, le permitirá a Central cerrar la jornada como único líder de la Zona B.
Y la pelea no termina ahí. En la tabla anual también aparece una oportunidad enorme. Independiente Rivadavia, actual líder, está al alcance de la mano y el Canalla podrá descontarle terreno, mientras que los resultados de Vélez y Argentinos podrían permitirle quedar todavía más cerca de ese primer puesto que, al final del año, tendrá el premio de un título y además puede resultar determinante en la carrera por la clasificación a la próxima Copa Libertadores.
Para eso, Central deberá hacer algo tan difícil como necesario: cambiar el chip. Dejar atrás la bronca de la eliminación continental, transformar el golpe en combustible y volver a enfocarse en el gran objetivo local. Y el desafío será ante un Talleres que atraviesa un presente crítico, ubicado en el último lugar de la Zona A con apenas 3 puntos, producto de una victoria y cuatro derrotas.
Desde la llegada de Jorge Sampaoli, el Matador no logró torcer el rumbo: cayó ante Newell’s, Vélez, Lanús y Gimnasia de Mendoza. Su única alegría fue contundente, con aquel 4-0 frente a Platense en Vicente López. Ahora, herido y necesitado, saldrá a jugar una verdadera final.
Y justamente ahí estará uno de los grandes desafíos para el Canalla. Porque enfrentará a un rival golpeado, con el entrenador cuestionado, los hinchas impacientes y la obligación de sumar para no comenzar a despedirse demasiado temprano de sus aspiraciones internacionales. Talleres llegará con la soga al cuello, y cuando un equipo juega con esa urgencia, cualquier partido puede convertirse en una batalla.
Pero Central también tiene sus propias razones para salir a buscarlo. Tiene la posibilidad de volver a ser protagonista, de seguir arriba en su zona, de recortar distancia en la tabla anual y de recuperar rápidamente la confianza después del golpe copero.
La Libertadores ya quedó atrás. El desafío ahora es levantarse. Porque el Canalla no tiene tiempo para lamentos: tiene una punta al alcance de la mano, una tabla anual que lo invita a soñar y una temporada que todavía puede regalarle grandes capítulos.
Mañana, en Córdoba, Central tendrá que demostrar que una eliminación no cambia su ambición. Que el golpe no lo derriba. Y que, una vez más, está dispuesto a pelear hasta el final.







