La historia continúa y Rosario Central vuelve a ser el gran protagonista. Digno de un cuento de Fontanarrosa. Una nueva página dorada que se escribe y como en el último clásico en el Gigante, Ángel Di María dejó su huella para agigantar la leyenda.
Después de la enorme muestra de carácter en La Plata, donde dio vuelta el partido y se trajo un triunfazo ante Gimnasia y Esgrima, el equipo de Almirón volvió a golpear. Y lo hizo donde más duele: frente a su eterno rival. Con goles de Fideo y Enzo Copetti, el Canalla derrotó otra vez a Newell’s y estiró una paternidad que ya es parte del ADN auriazul.
La tarde no había comenzado bien para Central. El equipo entró dormido, desordenado, partido en el mediocampo y vulnerable ante las transiciones rápidas de Nob, que no supo capitalizar sus aproximaciones. Para colmo, Di María evidenciaba molestias en el aductor: evitó los tiros de esquina y las pelotas detenidas, señales claras de que no estaba al cien por ciento.
Pero en el complemento cambió la historia. Como en aquel clásico del año pasado en el Gigante, Ángel asumió la responsabilidad. Recibió, perfiló y sacó un zurdazo rasante que se clavó contra el palo. Gol. Explosión. Desahogo. El tanto fue un mazazo anímico para la Lepra y el impulso definitivo para un Central que se soltó, empezó a asociarse y tomó el control del partido.
Con un Ibarra dueño absoluto del mediocampo, manejando tiempos y recuperando balones, el Canalla impuso condiciones y fue por más. La sentencia llegó sobre el final: oportunismo puro de Copetti para empujarla y sellar el 2-0 definitivo.
Sexta victoria consecutiva en el clásico. Otra tarde inolvidable. Otra función estelar del protagonista de siempre. Porque la historia continúa… y Central la sigue escribiendo con tinta auriazul.
Los goles del triunfo







