Por Agustín Mónaco
No hay tiempo para lamentos. El tropezón de anoche en el Gigante de Arroyito debe servir como punto de partida para que Jorge Almirón saque conclusiones rápidas, corregir lo que claramente no funcionó y potenciar aquello que, pese a la derrota, dejó señales positivas pero quedó opacado por el resultado.
El calendario no da respiro. Rosario Central afrontará una seguidilla brava, con dos partidos de alto voltaje en pocos días. El miércoles desde las 19, el Canalla visitará Avellaneda para medirse con Racing, rival históricamente incómodo, que además llega herido tras caer en el debut ante Gimnasia en La Plata. Y como si eso fuera poco, el domingo por la noche el Gigante volverá a latir fuerte cuando River Plate pise Arroyito en otra prueba exigente.
Serán dos verdaderas pruebas de fuego para este Central que necesita levantar la cabeza rápido y demostrar que lo ocurrido en el debut fue apenas una mala noche. Porque si bien el primer tiempo ante Belgrano fue alentador, el equipo se desdibujó en el complemento y los cambios dejaron más dudas que certezas.
Está claro que Almirón deberá meter mano y acomodar piezas. Ajustar nombres, sociedades y, sobre todo, sostener una identidad durante los 90 minutos. El desafío no es menor.
El Canalla transita uno de los años más competitivos de los últimos tiempos: torneo local, Copa Argentina, una final frente a Estudiantes y nada menos que la Copa Libertadores. Con el mercado de pases aún abierto, la dirigencia deberá terminar de darle forma a un plantel que todavía necesita retoques si quiere volver a ser protagonista.







